Los aficionados a la divulgación y al arte matemático probablemente ya se han cruzado con este intrigante personaje, reconocible por su gran barba blanca y su larga capa. Patrice Jeener, artista grabador cuyos temas predilectos son la geometría y las curvas, estudió matemáticas de forma autodidacta. En 1963 ingresó en la École supérieure des beaux-arts. Allí aprendió el arte del grabado. Su fascinación por las matemáticas, y en particular por la representación de ecuaciones algebraicas, nació tras una visita al Palais de la découverte, donde se expone parte de la colección de superficies de yeso del Institut Henri-Poincaré. Entonces se sumergió en el estudio de las curvas algebraicas y aprendió por su cuenta a programar en BASIC. Las superficies obtenidas se imprimían en papel vegetal para grabarlas después, primero con punta seca y luego con buril, en placas de cobre. A continuación se entintaba la placa y se imprimía sobre papel mediante una prensa de cilindros.

Patrice Jeener en 2019.
Patrice Jeener también se interesó por la topología, las superficies mínimas, los fractales y otros poliedros, y estableció una relación carnal con objetos teóricos. Muchos de sus dibujos de objetos matemáticos van acompañados de cuerpos que parecen flotar en el espacio, árboles y plantas fabulosas, y crean así un universo onírico que parece materializarse en lo real a través de las placas de cobre.
Referencia: Graveur d’équations. L Hernioux y Gaëlle Octavia, Mathématiques et art plastique, Bibliothèque Tangente n.º 23, POLE, 2019.
Un diálogo entre el arte y las matemáticas
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En el documental Graveur de mathématiques, realizado por Quentin Lazzaroto en 2016, Patrice Jeener abre las puertas de su universo, en sentido literal y figurado. Primero las de su casa de La Motte-Chalancon, donde instaló su taller. Lo vemos trabajando, con el buril en la mano, inclinado sobre una placa de cobre. Detalla las etapas de realización de sus fascinantes dibujos. Después, las de su universo interior, que intriga a familiares y amigos. A través del arte emprendió un trabajo de investigación. Muestra su biblioteca de libros sobre curvas y ecuaciones, de los que estudia regularmente pasajes para tratar de «comprender cómo funciona». Explica que, al grabar objetos abstractos, «es como si entrara en otro mundo, por el que paseo» y en el que le habría gustado vivir. Su vida de ermitaño está enteramente consagrada al grabado, que es «una prolongación de sí mismo», como atestiguan sus allegados, sorprendidos por la magnitud de su pasión.
Los pasajes biográficos centrados en el artista se ponen en paralelo con entrevistas a matemáticos —¡y matemáticas!— que explican su visión de las matemáticas y comparten sus impresiones ante los grabados. Este hermoso juego de espejos también hace dialogar dos mundos: el séptimo arte y las matemáticas.
Dos publicaciones
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Un encuentro con André Deledicq dio lugar a dos publicaciones en torno a sus obras: «Patrice vino a verme a comienzos de los años ochenta, cuando yo dirigía el IREM de París, para enseñarme los grabados matemáticos que realizaba desde hacía ya casi 20 años. Para mí fue un descubrimiento, casi tan importante como el del escultor Raoul Raba, más o menos por la misma época: decidí ayudarlo entonces, y no dejé de hacerlo durante toda su vida, pobre y difícil.»
• Espaces gravés. Patrice Jeener, Cedic-Nathan, 1996.
• Graveur mathématique. Patrice Jeener, Éditions du Kangourou, 2018.