Proyección de Mercator: anatomía de un mapa geopolítico
De la geometría a la geopolítica
Tendemos a pensar que las matemáticas son una ciencia perfectamente neutra, pero, como toda construcción humana, su uso puede resultar más político de lo que parece. Así, un viejo problema de geometría se ha colado en los debates diplomáticos de los últimos meses.
En agosto de 2025, la Unión Africana respaldó oficialmente la campaña «Correct the map», impulsada por las organizaciones Speak Up Africa y Africa No Filter. ¿El objetivo? Poner fin a la difusión masiva de la proyección de Mercator y promover otras formas de cartografiar nuestro planeta. No es casualidad que sean países africanos quienes aborden esta cuestión, pues, en la proyección de Mercator, los territorios situados cerca de los polos parecen claramente mayores de lo que son en realidad. La argelina Selma Malika Haddadi, vicepresidenta de la Comisión de la Unión Africana, subraya que la cuestión no se limita a un simple cambio de mapa, pues las proyecciones que presentan África como un continente de tamaño modesto instalan en la mente la idea de que África es un continente marginal. La nigeriana Moky Makura, directora ejecutiva de Africa No Filter, va más allá al declarar que la difusión del mapa de Mercator ha constituido a lo largo de los siglos «la campaña de desinformación e información errónea más larga del mundo [y que] sencillamente debe cesar». En efecto, estos mapas no solo se utilizan en los medios de comunicación, sino también en la escuela. Así, numerosos alumnos, estudiantes e incluso adultos interiorizan inconscientemente relaciones de tamaño y pueden ver alterada su comprensión del mundo. Para convencerse de ello, póngase a prueba con algunas de las preguntas propuestas en el recuadro.
Una cuestión de geometría
Retrocedamos unos siglos y examinemos el problema desde un punto de vista puramente geométrico. Se trata de representar en un mapa, es decir, sobre una hoja plana, la disposición de los continentes tal como están repartidos sobre la Tierra, que, para simplificar, asimilaremos a una esfera perfecta. La cosa no es sencilla, y quienes tengan más apetito se darán cuenta fácilmente. Fíjese en los bombones esféricos de avellana servidos en las recepciones del embajador: su envoltorio de aluminio dorado está increíblemente arrugado. ¡Y con razón! El theorema egregium («teorema notable» en latín), demostrado por Carl Friedrich Gauss en 1827, implica que es imposible doblar una hoja de papel para convertirla en una esfera porque, en un lenguaje más técnico, al no tener la misma curvatura, ambos objetos no son localmente isométricos. Por tanto, es imposible cartografiar la superficie terrestre sin distorsión: no se pueden conservar a la vez las longitudes y la forma de los objetos, determinada por los ángulos.
Este resultado geométrico no es, sin embargo, una fatalidad. Cuando se desea cartografiar una pequeña parte de la superficie terrestre, existen multitud de soluciones que permiten obtener mapas plenamente satisfactorios. Y cuando se quiere representar el mundo entero, no estamos condenados a desplazarnos con un globo terráqueo aparatoso: basta con elegir conscientemente y valorar las ventajas e inconvenientes de cada opción.