Maurits Cornelis Escher (1898–1972) la representó magistralmente con sus hormigas, que recorren incansablemente su única cara, pero varios escultores se han servido de ella para crear esculturas monumentales. En el museo de Stavanger, en Noruega, se encuentran esculturas de bronce de la noruega Aase Texmon Rygh (1925–2019). El japonés Keizo Ushio (nacido en 1951) ha esculpido varios ejemplares de la banda de Möbius en granito; se encuentran en los cuatro rincones del planeta. El artista suizo Max Bill (1908–1994) le rindió un vibrante homenaje con sus esculturas monumentales de granito, de las que realizó una veintena de versiones.

Ruban sans fin (versión IV). Max Bill, 1960–1961, granito gris de Wassen.

Ulysse Lacoste (nacido en 1981), por su parte, se dedica a crear esculturas geométricas de metal. Imagina formas que, a priori, no guardan ninguna relación particular con las matemáticas; las dibuja, las afina, realiza plantillas, las imagina en movimiento y, poco a poco, acaba por pensar geométricamente en tres dimensiones. Constata que las matemáticas le ayudan y que incluso son necesarias e imprescindibles para realizar sus esculturas y estudiar su estabilidad. Primero las realiza en pequeño formato y luego las imagina a escala humana, obteniendo así esculturas monumentales. Una de sus obras, Le Huit, realizada en 2019, nos recuerda extrañamente a la banda de Möbius. En una placa de metal perforada con dos agujeros, realiza un corte siguiendo una línea que une dos lados y después efectúa una «torsión» que le permite obtener una superficie no orientable. Una vez cerrada, esta superficie se nos presenta como paradójica; ¡nos deja desorientados! Y, al igual que las hormigas de Escher, podríamos recorrer incansablemente la única cara de esta superficie.