Establecida rigurosamente por Filippo Brunelleschi en Florencia a comienzos del siglo XV, la perspectiva central siguió siendo durante mucho tiempo asunto de pintores. No fue hasta la geometría proyectiva de Girard Desargues, en el siglo XVII, cuando los geómetras se apropiaron de este instrumento y formalizaron sus efectos. Como sugiere una representación de Dios, el infinito interesó a pensadores y artistas antes de concernir a los matemáticos, que durante mucho tiempo solo vieron en él una fuente de paradojas insalvables.

La perspectiva central (o cónica) consiste en elegir un punto de vista O, un plano (o una superficie) de proyección P y, para todo punto M del espacio distinto de O, trazar la intersección M ' de la recta (OM) con P.
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La primera propiedad fundamental de esta proyección es que conserva la alineación de los puntos; es decir, si M1M_1, M2M_2 y M3M_3 son tres puntos alineados del espacio, sus proyecciones M1′M '_1, M2′M '_2 y M3′M '_3 sobre PP también están alineadas.
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