Establecida rigurosamente por Filippo Brunelleschi en Florencia a comienzos del siglo XV, la perspectiva central siguió siendo durante mucho tiempo asunto de pintores. No fue hasta la geometría proyectiva de Girard Desargues, en el siglo XVII, cuando los geómetras se apropiaron de este instrumento y formalizaron sus efectos. Como sugiere una representación de Dios, el infinito interesó a pensadores y artistas antes de concernir a los matemáticos, que durante mucho tiempo solo vieron en él una fuente de paradojas insalvables.







