Las probabilidades para desmitificar la astrología
El desarrollo de la astrología es obra de oscurantistas que creen en leyes pseudocientíficas cuya falsedad puede demostrarse, pero también de charlatanes que, para impulsar su negocio, se apoyan en coincidencias que no lo son. En ambos casos, las probabilidades sirven para desenmascararlos.
La astrología presupone influencias astrales, como la de la fecha de nacimiento —¿por qué el nacimiento y no la concepción o la gestación?—, que pueden refutarse muy fácilmente mediante experimentos relativamente sencillos.
La primera de estas constataciones se remonta a hace más de 2 000 años. Si el cielo al nacer determinara el carácter o el destino de cada individuo, ¿cómo explicar que los gemelos tengan la mayoría de las veces destinos diferentes? Probablemente fue Carnéades (filósofo de la Nueva Academia, nacido en 219 antes de nuestra era) quien formalizó por primera vez este argumento, retomado y afinado después a lo largo de los siglos.
La otra vertiente de esta argumentación es la constatación de que personas que representan toda la gama de temas natales pueden morir todas a la vez en una misma tragedia (accidente aéreo, catástrofe natural, atentado terrorista…).
Puestas a prueba por experimentos estadísticos
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La controversia sobre los «gemelos astrológicos» resurgirá al hacerse posible realizar análisis estadísticos precisos.
En Francia, la bióloga Suzel Fuzeau-Braesch (autora de un «Que sais-je?» sobre el tema; véase esta nota breve) publicó en 1992, en La preuve par deux (Robert Laffont), un estudio favorable a la astrología sobre 251 parejas de gemelos, que resultó ser un estudio vergonzosamente sesgado.
En 2006, el danés Peter Hartmann publicó un informe sobre la influencia de la fecha de nacimiento en la personalidad y la inteligencia. El análisis utilizó datos procedentes de muestras mucho mayores —una de 4 000 personas y otra de 11 000—, de las que se conocían la fecha de nacimiento y los resultados de diversas pruebas psicológicas y cognitivas, realizadas inicialmente para evaluar la repercusión del servicio militar en jóvenes reclutas. La conclusión fue tajante: ¡ninguna correlación entre la fecha de nacimiento y las conclusiones sobre la personalidad y la inteligencia general!
Entre los estudios estadísticos realizados desde el año 2000, el más perturbador es probablemente el de Geoffrey Dean. Este psicólogo australiano reunió sistemáticamente todos los estudios estadísticos realizados en el mundo durante varias décadas para afirmar sin ambigüedad, en una entrevista concedida en 2003, que los «principios de la astrología no son válidos» y que los libros de astrología «no son en realidad más que simples engaños». Un pequeño detalle: ¡Dean había sido el presidente fundador de la Federación de Astrólogos Australianos!
También se han realizado otros experimentos en presencia de astrólogos.
Así, el experimento de Shawn Carlson, publicado en la revista Nature en 1985, pedía a astrólogos que identificaran, entre tres perfiles de personalidad que se les proporcionaban, el que correspondía al tema astral de un individuo. Resultado: ni mejor ni peor que el puro azar.
En otro experimento, hecho público en 1996 en los Países Bajos, varios astrólogos recibieron los datos de nacimiento de siete personas, así como las respuestas de esas mismas personas a un cuestionario de personalidad elaborado por los propios astrólogos. No solo, como en el experimento anterior, resultó aleatoria la correspondencia entre persona y perfil, sino que tampoco se aprecia coincidencia alguna en las respuestas de los astrólogos.
¿Cómo poner las probabilidades de nuestro lado?
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«Pero, se objetará, los astrólogos han formulado muchas predicciones acertadas. Yo responderé que han emitido un número mucho mayor de juicios falsos. Cuando dicen la verdad, se debe o bien al azar, o bien a la multitud de predicciones que han hecho, o a que han presagiado malas acciones que, entre los hombres, son las que se cumplen con mayor frecuencia, o a que han examinado y observado a quienes los escuchan, o bien a que conocen ciertos secretos de los poderosos o de quienes los frecuentan…».
No se diría mejor hoy en día, pero fue en 1419 cuando Jean Gerson dirigió esta observación al delfín, el futuro Carlos VII. Pues el charlatanismo consiste precisamente en esto:
• ofrecer un conjunto suficientemente amplio de predicciones para que la probabilidad de que una de ellas se cumpla sea muy alta, pues el astrólogo sabe bien que el público destinatario olvidará las demás y solo retendrá las que realmente se hayan producido;
• formular las predicciones en términos lo bastante generales para que los hechos puedan ajustarse más fácilmente a ellas, o para que la persona afectada pueda personalizar la predicción con mayor facilidad;
• prever una acción que el interesado estará más dispuesto a realizar precisamente porque se le ha anunciado;
• apoyarse en estadísticas lo bastante generales para que el acontecimiento anunciado tenga muchas probabilidades de producirse —sí, las probabilidades también son una herramienta para el astrólogo—;
• apoyarse en informaciones que el interesado aún no conoce.
Y además está el efecto Barnum (véase el recuadro), que consiste en reconocerse en lo que uno querría ser antes que en lo que es.
Con la credulidad de los seres humanos como aliada, la astrología parece tener aún mucho futuro, sobre todo si sus defensores utilizan la psicología y las probabilidades para afianzar su influencia.