«Con el mar del Norte como último solar baldío,
Y olas de dunas para detener las olas,
Y rocas vagas que las mareas sobrepasan,
Y que para siempre tienen el corazón en bajamar.»
El gran Jacques lo cantó con tal convicción, y la fuerza de su imaginación está tan cargada de significado, que aún hoy sentimos su poder descriptivo: el País Llano no se concibe sino con playas bordeadas de dunas, enfrentadas sin descanso a un mar más o menos agitado. El poeta lo constata: las dunas pueden adoptar la forma de las olas. Y sus movimientos, aunque más lentos, no dejan de ser comparables. El científico le dará parcialmente la razón. Para comprenderlo, hay que adentrarse en la mecánica de fluidos. Esta rama de la física matemática se desarrolla especialmente en nuestros días y encuentra nuevas aplicaciones gracias a la informática y a los procesos de simulación, particularmente útiles en el campo de la animación, que exige representaciones cada vez más realistas.