Pierre de Fermat no publicó prácticamente nada en vida. Fue su hijo mayor, Samuel, quien reunió y publicó la obra de su padre. Pierre de Fermat, en efecto, además de su intensa y absorbente vida profesional como consejero del Parlamento de Toulouse, era un erudito interesado en todo lo relacionado con el mundo literario y científico. A menudo subrayaba que apenas tenía tiempo que dedicar a las ciencias y que lo lamentaba. Y aunque a veces se le apoda el «príncipe de los aficionados», lo que ha pasado a la historia es su genio matemático.

Retrato de Pierre de Fermat (hacia 1601‒1665)

en el Gran Salón de sesiones del Instituto de Francia.

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