Sobre un fondo de continuidad que la singulariza (
véase el artículo «¿Por qué interesarse por la historia de las matemáticas en China?»), el avance de las ciencias en China siguió una dinámica del mismo tipo que en cualquier otro lugar: suponiendo que los textos que hemos conservado reflejen fielmente los hechos, se observan periodos de intensa actividad científica, jalonados por innovaciones notables, y otros que apenas han dejado obras destacadas en este ámbito, o incluso durante los cuales logros científicos anteriores parecen haber caído en el olvido. En el contexto de uno de esos periodos, en el que se habían olvidado numerosos avances científicos anteriores, comenzaron a finales del 16
.º siglo relaciones científicas más sostenidas entre China y Europa, que contribuirían a construir lo que hoy conocemos como la «comunidad científica internacional».
La llegada de los jesuitas a China…
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La introducción en China de ciencias llegadas de Europa, desde finales del 16.º siglo hasta los albores del 19.º siglo, se debió esencialmente a una estrategia que jesuitas europeos elaboraron para sus actividades misioneras. Decidieron, en primer lugar, aprovechar la curiosidad y el interés que sus conocimientos científicos y técnicos despertaban entre altos funcionarios chinos para obtener el derecho a entrar en China. Allí, a diferencia de los miembros de otras órdenes religiosas, se esforzaron por hacerse útiles al poder mediante sus actividades científicas y, con ese fin, por transmitir los saberes que habían adquirido en Europa durante sus estudios en los colegios jesuitas. Al comprender todo el provecho que podían sacar de tales conocimientos, optaron por explotarlos de manera más sistemática e hicieron venir de Europa a jesuitas eruditos, libros e instrumentos. Sus motivaciones para ocuparse de ciencias y técnicas se vinculaban por más de una vía con sus objetivos religiosos: mantenerse en China haciéndose indispensables para poder desarrollar allí sus actividades evangelizadoras, pero también hacer valer la superioridad de su religión invocando la excelencia de «su» ciencia, mediante diversas asimilaciones entre la religión cristiana y la llamada «ciencia occidental». Así, los eruditos chinos accedieron a conocimientos científicos desarrollados o conservados en Europa en un contexto muy concreto, que marcó de varias maneras el proceso de su introducción.