Por tanto, es preciso realizar un trabajo de arqueología textual sobre las fuentes anteriores a la llegada de los jesuitas, como hizo Paul Pelliot (1878-1945), quien sacó de las grutas de Dunhuang —en el noroeste de la actual China— textos desconocidos, o versiones más antiguas y más próximas al manuscrito original que las que más tarde sirvieron de referencia. Algunos textos se perdieron, al menos durante un tiempo, como
Los nueve capítulos sobre el arte matemático (
Jiuzhang Suanshu,
véase el artículo «Los nueve capítulos, una obra fundacional»): sabemos, por ejemplo, que en el siglo 16
.º el matemático Cheng Dawei (1533-1606) recorrió incansablemente, a lomos de su asno, la región de Nankín en busca de un fragmento del texto o de un letrado que pudiera revelarle algunos retazos que hubiera retenido de la obra. Al final, fueron los japoneses quienes, durante una razia en Corea, llevaron como botín el tesoro inestimable: el texto completo de los
Nueve capítulos, puesto así de nuevo a disposición de la tradición china.