El «problema de Dido» alcanzó notoriedad gracias a unos versos del libro primero de la Eneida de Virgilio. Eneas, príncipe troyano, conoce por boca de Venus cómo la princesa fenicia Elyssa (Dido), tras huir de Tiro —hoy en Líbano— de la tiranía de su hermano asesino, llegó a la costa de la actual Túnez para establecerse allí.
Una astucia histórica -------------------
El comentario del gramático Servio (finales del 4.º siglo) permite comprender la astucia de Dido: «Tras naufragar en Libia, Dido fue primero expulsada por Hiarbas; después pidió, con astucia (callide), comprar tanta tierra como pudiera contener una piel de buey (tenere).» La astucia de Dido se basa en este doble sentido del verbo tenere. Hiarbas, el rey local, entiende que cederá un territorio cubierto por una piel de buey, por tanto ridículamente pequeño; Dido pretende obtener un territorio rodeado por una piel de buey —como subraya Virgilio al emplear circumdare en lugar de tenere— y basta con cortar esa piel en finas tiras, coserlas extremo con extremo y rodear con ellas un territorio mucho más extenso.
Esta astucia —cortar la piel— aparece en numerosas leyendas, desde los hotentotes de África austral hasta los kirguises de Asia central, e incluso en la Historia de los reyes de Bretaña (siglo 12.º). Pero lo que aquí nos interesa es cómo rodear la mayor superficie posible con una curva de longitud dada, es decir, con un mismo perímetro —de ahí «isoperimétrico»—, problema cuya respuesta Dido parecía conocer, al menos intuitivamente, pues el yacimiento arqueológico de Cartago muestra que la fortaleza inicial tenía forma de semicírculo, con el diámetro sobre la costa. En efecto, la curva que rodea la superficie máxima para un perímetro dado es la circunferencia —o el semicírculo cuando la curva se apoya en una recta—.
El misterioso Zenodoro ----------------------