El compromiso de Borel con la ciencia, Europa y la política en general se plasma en argumentos y razonamientos. He aquí algunos.
El 22 de agosto de 1925, Borel publica en La Revue scientifique un artículo titulado «La organización de la investigación científica». En él defiende la necesidad de una financiación estable de la investigación: «La necesidad de organizar la investigación científica desinteresada, de atraer a esta investigación a algunos de los jóvenes más destacados, se nos impone. (…) Me limitaré a señalar una de las principales dificultades de esta organización racional de la investigación científica. (…) La gran dificultad es que nadie es capaz de distinguir, entre los trabajos que realizan actualmente matemáticos, físicos y químicos, aquellos cuya repercusión será inmensa. (…) Confiaría en una solución flexible y variada que consistiría en designar diversos organismos, academias, universidades, asociaciones como la nuestra, científicos reconocidos y que hayan demostrado su valía, directores de laboratorios, y proporcionarles los medios necesarios para animar a aquellos jóvenes que les parezcan dignos de ello. (…) Si la Sociedad decide realizar el esfuerzo necesario en favor de los jóvenes que se dedican a la investigación científica, si cada año se proporciona a cierto número de ellos los medios para proseguir los estudios que les interesan, ocurrirá que uno de cada cien o uno de cada mil de estos jóvenes será un Ampère, un Pasteur, un Pierre Curie o un Henri Poincaré, y los beneficios materiales y morales que obtenga ese solo pagarán con creces todo lo que se haya gastado en los demás.»
El 15 de abril de 1927, Borel firma en Le Monde nouveau un artículo a favor de la cooperación europea. Estas son sus primeras líneas: «La idea de que una cooperación más estrecha entre los pueblos de Europa es indispensable, no solo para Europa, sino para la humanidad entera, no es nueva para los lectores de esta revista. Las dificultades que la gran guerra ha acarreado a Europa distan mucho de haber terminado, y cabe pensar que nuestro continente solo encontrará su equilibrio y podrá recuperar en el mundo el lugar que durante tanto tiempo fue el suyo si, renunciando a sus querellas tradicionales, se decide por fin a practicar una política de unión y concordia europeas.Si no lo hace, cabe pensar que Europa dejará, y muy rápidamente, de existir desde el punto de vista intelectual, como le ocurrió a la Grecia antigua.»
En 1924 se puede leer en Le Radical : «¿Volverán los partidos democráticos a dirigir (sic) el mundo, o están condenados a desaparecer, aplastados entre los partidos socialistas de tendencias revolucionarias y los partidos nacionalistas de tendencias conservadoras ? Con esta pregunta, formulada por un diputado francés y científico, el Sr. Émile Borel expone en pocas palabras el sentido de la política que reivindica la Unión Nueva y asigna un objetivo preciso a la propaganda que quiere organizar. La comentaremos en una palabra: es la política europea del justo medio; por tanto, la política del equilibrio. » En 1937, Borel ha pasado del radicalismo al liberalismo : « Si es deseable hacer desaparecer ciertas desigualdades e injusticias que ofenden a la moral y a la razón, no es conveniente llegar a la igualdad absoluta de las riquezas ; el espíritu de iniciativa individual es un factor de progreso que será necesario durante mucho tiempo, si no siempre. (…) Así, el capitalismo, aliado con el gusto por el riesgo, ha aportado durante un siglo grandes beneficios a la humanidad entera. »