En el siglo 19.º, el esplendor de las matemáticas chinas queda ya muy lejos. Para recuperar un retraso entonces considerable respecto a Occidente, en China se emprende una inmensa labor de traducción, adaptación y desarrollo de las matemáticas occidentales, que no deja de suscitar numerosos debates, incluso dentro de la comunidad científica china. Después de todo, en muchos ámbitos de las matemáticas China puede reivindicar una larga tradición matemática anterior; entonces, ¿por qué habría de ser ella quien se adaptase? Algunos estiman también que los desarrollos occidentales no son más que deducciones de lo que la China antigua había sabido hacer. Otros, sin embargo, admiten que China se ha quedado atrás y que debe hacer lo necesario para recuperar ese retraso de forma pragmática. En aquella época, las matemáticas eran un asunto eminentemente político que creaba fricciones entre conservadores y modernistas.
Es cierto que, en general, las notaciones occidentales pueden introducirse adaptándolas a la numeración china y al simbolismo preexistente, y la mayoría de las veces las cosas salen bien: las matemáticas no han usurpado su reputación de universalidad. Pero el caso de las fracciones planteará un problema más serio, pues entonces se escriben en el sentido inverso de la notación occidental: «tres doceavos» no se escribe 3 / 12, sino 12 / 3.
Esta notación se debe a la lengua. En chino, «tres doceavos» se dice —es decir, se pronuncia— «de doce partes tres». Por tanto, resulta más coherente escribir primero el denominador y después el numerador, para seguir el orden en que se pronuncia lo que se escribe. También sirve para reivindicar la identidad nacional, en una época en que las potencias coloniales se vuelven amenazadoras.
Entre quienes se pronuncian a favor de mantener la escritura china, tanto para las fracciones como, más en general, para el uso de las cifras chinas en vez de las indoarábigas, se encuentra en particular John Fryer (1838-1923), jefe del servicio de traducción del Arsenal de Jiangnan, en una época en que el Gobierno chino confiaba en la investigación matemática sobre todo con fines militares y navales. Sin embargo, Fryer no es sino uno de los pocos traductores de la época que defendían tal postura, que finalmente tuvo menos fuerza que el temor a que China se aislara del resto del mundo. Poco a poco se impusieron, por tanto, los usos importados, incluida la manera occidental de escribir las fracciones.
De esta pequeña anécdota cabe retener sobre todo que la escritura matemática, tras su aparente apoliticismo, puede convertirse en realidad en un elemento importante de las dinámicas culturales y geopolíticas.