Por ejemplo, el área, desconocida, de un círculo puede calcularse situándolo dentro de un cuadrado de área conocida. El porcentaje de puntos simulados que se encuentran tanto dentro del cuadrado como dentro del círculo constituye una «buena» aproximación de la razón entre el área del círculo y la del cuadrado.
La primera definición satisfactoria de sucesión aleatoria fue propuesta en 1966 por el matemático sueco Per Martin-Löf (nacido en 1942): una sucesión es aleatoria si no posee ninguna propiedad «excepcional y efectivamente verificable», es decir, que pueda comprobarse mediante un algoritmo. Esto significa, entre otras cosas, que no podremos generarlas con un programa informático. Del mismo modo, puede demostrarse que las sucesiones generadas por seres humanos presentan regularidades. Una sucesión aleatoria «verdadera» puede generarse con ayuda de fenómenos naturales. Por otra parte, puede que queramos utilizar un programa informático; en ese caso, tendremos una sucesión pseudoaleatoria. El algoritmo está «oculto» y los números poseen, a grandes rasgos, las propiedades de una sucesión aleatoria.