Sobre el crecimiento y la forma** es una de las obras científicas más originales producidas en el 20.º siglo. Su autor, el biólogo y matemático británico D’Arcy Thompson, despliega en ella una vasta cultura clásica al servicio de un proyecto intelectual que aspira a situar las matemáticas en el centro del estudio de los seres vivos.
Cuando se entrega a su tarea, la teoría de la evolución de Charles Darwin sigue dando mucho que hablar, aunque la comunidad científica ya acepta ampliamente sus principios generales. El darwinismo, que aún no se ha transformado en la teoría sintética de la evolución que conocemos hoy, expresa la idea de que las mutaciones aleatorias que se producen en los individuos de una especie constituyen otros tantos «ensayos» involuntarios, a menudo infructuosos o sin efecto, pero a veces beneficiosos para la supervivencia de la especie en su medio. A modo de «optimización por ensayo y error», el mecanismo ofrece una explicación de las transformaciones del mundo vivo que evita tener que invocar una intervención exterior, en particular divina.
Cuantificar la evolución ----------------------
Por elegante que sea, esta idea de la «supervivencia de los más aptos» sigue siendo sobre todo cualitativa y no responde a la pregunta evidente: ¿cómo se define quiénes son «los más aptos»? Un elemento importante de la respuesta es que no existe una definición in abstracto: todo depende del medio en el que evoluciona la especie, pues las condiciones óptimas de supervivencia en los polos, por ejemplo, no son las mismas que en una región templada.
D’Arcy Thompson ensaya otro enfoque para superar el escollo de afirmar que «los más aptos» son simplemente… quienes sobreviven. Busca en las matemáticas un criterio externo de selección, menos ligado al medio.