Hoy en día, el uso de ensayos de doble ciego, mediante la comparación con un placebo, para evaluar la eficacia de un medicamento o de una terapia es habitual. Los tratamientos médicos, eficaces o no, tienen una larga historia. La de los placebos es mucho más reciente; parece que comienza en Connecticut a finales del siglo 18.º.
El método «de doble ciego»
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Hacia 1795, un médico estadounidense, Elisha Perkins, utilizó pequeñas varillas metálicas para aliviar toda clase de enfermedades, simplemente pasándolas sobre los nervios de la zona del cuerpo afectada por inflamaciones. La fama de estos instrumentos, llamados tractores de Perkins, perpetuada por Benjamin, hijo del inventor, alcanzó tal notoriedad que llegó a oídos de un médico epidemiólogo, John Haygarth (1740-1827). Este desarrolló la idea de una prueba estadística destinada a comprobar empíricamente el efecto real de los tractores.
El método original de Haygarth es el denominado doble ciego, en el que ni el paciente ni el experimentador conocen la naturaleza exacta del producto utilizado. Las pruebas realizadas independientemente por dos médicos en dos hospitales distintos no revelaron ninguna diferencia significativa entre los tractores auténticos y los falsos.