El 28 de agosto de 2005, George y Esther Szekeres, ambos brillantes matemáticos, fallecieron con una hora de diferencia. George tenía 94 años y Esther, 95. Llevaban casados casi 70 años. Se habían conocido a finales de 1932, en Budapest, seguramente en el parque Városliget, donde Paul Erdős se reunía periódicamente con una veintena de estudiantes. Este grupo, que temía las primeras represiones contra los judíos, aprovechaba aquellos encuentros para hablar de política y de sus vidas personales. Fue en esas conversaciones donde Paul Erdős empezó a usar su lenguaje cifrado para evitar a los espías: llamaba a los niños «épsilons», a las mujeres «jefes», a los maridos «esclavos», al alcohol «veneno» y a los comunistas «gran longitud de onda» (en alusión al rojo del espectro luminoso). Aquellos encuentros eran también una ocasión para hablar de matemáticas.
George Szekeres, un estudiante de química impaciente por dejar sus tubos de ensayo para dedicarse a las matemáticas, y Esther Klein, una brillante estudiante de matemáticas, participaban en aquellas reuniones dominicales. En una de ellas Esther propuso el siguiente desafío: dados cinco puntos del plano, sin que haya tres alineados, demostrar que siempre es posible que cuatro de ellos formen un cuadrilátero convexo.
El problema de Epszi --------------------
Un cuadrilátero es un polígono de cuatro vértices, como indica claramente el prefijo latino quadri. Los cuadrados, rectángulos, rombos, paralelogramos y demás trapecios son cuadriláteros particulares. La noción de convexidad es algo más delicada. Intuitivamente, un cuadrilátero convexo es un polígono de cuatro lados, sin «rincones».