Los griegos de la Antigüedad empleaban un sistema de numeración alfabético poco práctico para los cálculos (α = 1, β = 2… ι = 10, κ = 20, ρ = 100, ς = 200…). Por eso se ayudaban de pequeñas fichas, llamadas
psephoi. Podían servir tanto para el ábaco (como los
calculi, «pequeños guijarros», de los romanos) como para contar directamente sobre el suelo o una mesa. Lo más sencillo que puede hacerse con estas
psephoi es alinearlas, como un prisionero traza rayas sucesivas en las paredes de su celda. Esto permite definir de inmediato el
número lineal, la primera y más evidente representación figurada de los números, como recuerda Boecio (
Institution arithmétique, II, 4, 5, 1, texto establecido y traducido por Jean-Yves Guillaumin,
Les Belles Lettres, 2002):
«El número lineal es una acumulación de cantidad que se despliega a partir de 2, si se añade siempre una unidad en una sola y misma línea, como se muestra a continuación: