Es bien sabido que un matemático nunca se equivoca… siempre que permanezca dentro de la teoría estudiada y respete sus reglas.
Esquemáticamente, todo razonamiento matemático puede reducirse a un simple silogismo en el que intervienen dos proposiciones: la hipótesis H, conjunto de datos conocidos, y la tesis T que se pretende demostrar: si se suponen verdaderas la hipótesis H y la implicación de la hipótesis a la tesis (que se denota H⇒TH\Rightarrow T), entonces la tesis T también es verdadera.

«Dime, tío, ¿por qué toses?», de Fernand Raynaud

De lo «seguro» a lo «plausible»