Prueba colectiva de orina para ahorrar tiras reactivas (y tiempo) ---------------------------------------------------------------------
En la década de 1960, en algunos centros de selección del ejército se implantaron pruebas colectivas por motivos económicos. Se formaban grupos de ocho chicos para someterlos a pruebas médicas que debían determinar su aptitud. Tras las mediciones físicas (altura, peso, agudeza visual, etc.), se entregaba a cada uno un pequeño frasco que debía llenar en el baño. A continuación, el enfermero tomaba aproximadamente un centímetro cúbico de cada frasco y lo mezclaba todo en un único tubo de ensayo. Sumergía una tira reactiva en el tubo y esperaba la reacción durante aproximadamente un minuto.
Si el resultado era negativo, lo tiraba todo, seguro de que el resultado era válido para cada uno de los ocho chicos. En ese caso se utiliza una sola tira reactiva en lugar de ocho; el ahorro es claramente importante. Pero, si la prueba da positivo, ¿cómo proceder? Una idea sencilla consiste en subdividir los frascos en dos grupos de cuatro y analizar cada grupo, lo que requiere dos tiras reactivas; se continúa con el grupo —o los grupos— positivos. Así se identifica, por lo general, un grupo de dos personas positivas, que se analizan entonces por separado. En total, si solo hay una persona positiva entre las ocho, se utilizan seis tiras reactivas.
Si la prueba del grupo inicial de ocho da negativo, se utiliza así una sola tira reactiva; en caso contrario, seis tiras reactivas. Si la probabilidad de que una persona dé positivo es igual a 5 ‰, un grupo de ocho contiene al menos un individuo positivo con una probabilidad de 1 – 0,9958, es decir, algo menos del 4 %. De cada cien grupos, por término medio 96 utilizan una sola tira reactiva y 4 utilizan seis. En total, son 120 tiras reactivas para 800 personas, es decir, tres por cada veinte. El ahorro justifica el método empleado.