Descubierto y demostrado en 1898 por el matemático británico Frank Morley (1860‒1937), que llegó a ser profesor universitario en Estados Unidos, el teorema que lleva el nombre de su inventor y le dio fama parece anodino:
Los puntos de intersección de las trisectrices adyacentes de los ángulos de un triángulo cualquiera ABC son los vértices de un triángulo equilátero DEF.
De un triángulo cualquiera puede brotar, por tanto, un triángulo equilátero: esa es la sorpresa de este resultado, demostrado muchas veces mediante diversos métodos geométricos o trigonométricos y que, sin embargo, conserva su carácter maravilloso.
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