Las matemáticas no son tristes; ¿por qué enseñarlas con tristeza? «Hacer juegos matemáticos en clase no parece serio», dicen algunos. ¿Y qué? No hace falta estar triste para ser pedagógicamente eficaz (¡al contrario!). Hay que atraer a los alumnos hacia los mecanismos de las matemáticas. Los padres se convencerán al comprobar la eficacia de este método con sus hijos.
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Juego y pedagogía: los grandes principios ---------------------------------------
Pero atención: introducir el juego en la pedagogía exige respetar algunos grandes principios. El primero de ellos: el juego no se impone a los alumnos; de lo contrario, deja de ser un juego. Hay que despertar en ellos las ganas de jugar, favoreciendo la creación de un espacio intermedio entre lo real y lo imaginario, donde aprenderán a asumir riesgos, a probar suerte, a elaborar estrategias, a describirlas; en una palabra, a existir.
El juego tampoco se impone a los profesores. Hay que convencerlos de que su tarea se verá facilitada si recurren a él, sin ocultarles las dificultades inherentes a una práctica diferente: enfrentarse a una situación imprevista, saber explicar de otra manera, aceptar buscar soluciones ante su auditorio, aprender también a callar o, por el contrario, a crear un diálogo.