En la mayoría de los deportes, el compañero del ser humano es un objeto inerte carente de sentimientos e, idealmente, cualquier movimiento del deportista produce siempre el mismo efecto si se realiza en condiciones idénticas.
No ocurre así en la equitación: se trata de un deporte en el que intervienen simultáneamente dos seres vivos. Por esta razón, un enfoque científico de esta disciplina no parece a priori demasiado sencillo. Sin embargo, el concepto matemático de baricentro —el centro de gravedad en este contexto— resulta interesante en el caso del jumping, un deporte ecuestre en el que el caballo y su jinete deben completar un recorrido de obstáculos sin penalización.
El salto de obstáculos -------------------
La modelización de un salto de obstáculos requiere numerosas simplificaciones; la primera —y no la menor— consiste en sustituir al jinete por un punto material situado en el centro de gravedad de su cuerpo y dotado de su masa. Se hace lo mismo con el caballo, como se haría, por ejemplo, al estudiar los movimientos celestes de los astros o las trayectorias de los satélites… Así, la pareja formada por el jinete y el caballo se representa mediante un punto elegido como el baricentro del conjunto jinete–caballo, dotado de una masa igual a la masa total de ambos cuerpos.
Para situar el centro de gravedad del caballo, es preciso tener en cuenta principalmente que dos tercios de la masa de este animal se concentran en el tren anterior, es decir, la parte del caballo situada por delante de una vertical trazada inmediatamente detrás de las extremidades anteriores. Más concretamente, el centro de gravedad del caballo —cuando está de pie— se sitúa bajo la decimotercera vértebra, por debajo de la línea que une la punta del hombro con la punta de la cadera; o bien, según la morfología del caballo, más o menos en la línea de paso de la cincha, un poco por detrás de la cruz.