En 1642, el cardenal Richelieu nombró al padre de Blaise superintendente de Alta Normandía, lo que le llevó a efectuar numerosos y tediosos cálculos. Blaise tuvo la idea de diseñar una máquina para ayudar a su padre: evitar los errores le ahorraría largas y penosas comprobaciones. Si hoy nos resulta familiar recurrir a una máquina de calcular, la idea de un cálculo mecanizado era una novedad en tiempos de Pascal. En 1645 presentó su primera máquina, tras tres años de trabajo y unos cincuenta prototipos realizados por relojeros de Ruan. Su máquina permite efectuar sumas y restas.
Modelos adaptados hoy escasos
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Desde su concepción, Pascal previó hacer que cada cifra fuera lo más independiente posible de las demás, de modo que su máquina pudiera admitir tantas cifras decimales como fueran necesarias. También diseñó un mecanismo que funcionara tanto en base 10 como en base 6, 12 o 20. En aquella época, una libra se dividía en veinte soles, un sol en doce dineros; del mismo modo, una toesa constaba de seis pies y un pie de doce pulgadas, y una pulgada se dividía a su vez en doce líneas.
A partir de 1649, Pascal adoptó una auténtica estrategia industrial, tratando de reducir los costes de producción para poner al alcance del mayor número posible de personas el invento que le había hecho célebre. Sin embargo, cuando solo había realizado unos pocos prototipos, ¡descubrió que un relojero de Ruan comercializaba una falsificación! Entonces regaló un modelo al canciller Séguier y acabó obteniendo un privilegio real que le garantizaba la propiedad de la fabricación de la máquina. Por desgracia, pese a la publicidad que organizó, su comercialización fracasó.
De la veintena de máquinas que se construyeron, se conservan ejemplares de tres tipos: