Los sesgos, físicos o psicológicos ==========================================
Cuando los demás no hacen lo mismo que nosotros, no votan como nosotros, solo ven series tontas (¡las nuestras son tan interesantes!), los consideramos, en el mejor de los casos, personas no muy listas y, en el peor, perfectos imbéciles. Resulta que, en conjunto, todos somos iguales, ellos y nosotros: todos padecemos enormes sesgos, sobre todo cuando nos afectan directamente; somos incapaces de hacer una introspección honesta.
El problema empieza con nuestros sentidos. La vista, el sentido más utilizado, no está tan perfeccionada como imaginamos. El nervio óptico, que transmite al cerebro la información de los fotorreceptores, tiene, en todos los vertebrados, la mala idea de llegar hasta la retina, formando así una zona ciega. Este agujero es imperceptible en la vida cotidiana porque nuestro cerebro «rellena los huecos», pero una pequeña prueba fácil de realizar nos lo muestra. Marque en una hoja de papel dos cruces en horizontal separadas unos 8 cm, colóquese a una distancia de aproximadamente tres veces esa separación, cierre el ojo izquierdo y mire (con el ojo derecho) la cruz de la izquierda. Al desplazar ligeramente la hoja, la cruz de la derecha debería desaparecer.
Lo que es cierto para la vista también lo es para el resto de nuestra actividad cerebral. Nuestra memoria es igual de deficiente, al igual que nuestra capacidad para analizar los acontecimientos o para dar sentido a nuestros actos. En cada caso, la historia presenta «pequeños o grandes agujeros» y el cerebro, dócil, pone todos los parches necesarios para «crear» sentido.
Estereotipos y teorías de la conspiración =====================================