Los métodos estadísticos permiten a veces abordar problemas sorprendentes. A todos puede ocurrirnos que nos encontremos con personas que se califican de «clarividentes» o «médiums» y que, por tanto, están dotadas de poderes sobrenaturales. Es muy difícil reaccionar ante este tipo de pretensiones. Un escepticismo sistemático permite a los defensores de la clarividencia tacharnos de tener una mente cerrada y, por tanto, de ser poco científicos. Aceptar lo sobrenatural —un concepto extraño, pues todos los fenómenos reales son por esencia naturales— hará que enseguida parezcamos ingenuos.

En realidad, la actitud científica ante este tipo de afirmaciones debe ser siempre el escepticismo, lo cual no implica rechazar a priori cualquier pretensión. Los métodos estadísticos permiten evaluar eficazmente los resultados realmente obtenidos por quienes defienden la existencia de este tipo de fenómenos. Lo interesante es que este estudio estadístico también permite redescubrir todos los aspectos de la teoría de contrastes de hipótesis.
Las virtudes del escepticismo
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El estadounidense Banks Rhine fue uno de los primeros en estudiar científicamente los fenómenos paranormales. Para ello, creó en 1920 una baraja de veinticinco cartas que representaban cinco símbolos fácilmente distinguibles, repetidos cinco veces cada uno en cinco colores distintos —negro, azul, rojo, amarillo y verde—. Conocida hoy como ESP (por extra sensory perception, «percepción extrasensorial»), Banks Rhine bautizó esta baraja como «cartas de Zener», en homenaje a uno de sus colegas, Karl Edward Zener (1903–1964). Incluye cinco cartas de cruz, cinco de onda, cinco de círculo, cinco de cuadrado y cinco de estrella.