En el prefacio de su Isagoge, aparecida en 1591, el matemático vandeano se presenta como el iniciador de un «arte nuevo que [le] permite resolver los problemas de veinte en veinte, allí donde los matemáticos antiguos o contemporáneos solo los trataban de uno en uno». Describe, en efecto, paso a paso el procedimiento para llegar al resultado de un problema algebraico.
En el capítulo V de esta obra introduce el término «zetética» para expresar que ciertas letras —por lo general, las vocales— deben reservarse para las cantidades conocidas, llamadas datas, y otras —por lo general, las consonantes— para las que no lo son (las incertitus). El interés consiste, por supuesto, en obtener resultados válidos de manera más general.
Ese mismo año, Viète redactó Zeteticorum libri quinque («Los cinco libros de zetética»), aparecido en 1593, en el que pone en práctica estos nuevos métodos al estudiar problemas ya tratados por Diofanto. Probablemente eligió el término «zetética», tomado del griego zetein, que significa «buscar saber», para insistir en que el procedimiento es más importante que el resultado.
Tras Viète, la palabra «zetética» perduró unos dos siglos, pues la encontramos en el célebre diccionario de Furetière, publicado en 1690, definida así:
«Término de matemáticas. Se llama método zetético al método que se emplea para resolver un problema.» ¿Cuántos de nosotros hemos practicado la zetética sin saberlo?
Zeteticorum libri quinque en su traducción francesa, aparecida en 1630.