Uno de los primeros problemas no resueltos que vienen a la mente en teoría de números es la
conjetura de Siracusa, o
problema 3n + 1. Propuesto por el matemático alemán Lothar Collatz hacia 1937 y difundido después en un coloquio de la Universidad de Siracusa —de ahí su nombre—, en Estados Unidos, durante los años cincuenta, se enuncia sencillamente así: elija un entero estrictamente positivo, divídalo entre 2 si es par, multiplíquelo por 3 y súmele 1 si es impar; después repita el proceso con el resultado obtenido. La conjetura, verificada para todos los enteros hasta 2⁶⁸ (aproximadamente 2,95 × 10
20 ) tras los recientes trabajos de David Barina (2020), afirma que siempre se acaba alcanzando el número 1. Partiendo de 11 se obtiene, por ejemplo, la sucesión: 11, 34, 17, 52, 26, 13, 40, 20, 10, 5, 16, 8, 4, 2, 1. Si se parte de 27, hacen falta ciento once etapas para llegar a 1. Sin embargo, un enunciado sencillo puede entrañar una solución complicada, y lo cierto es que esta conjetura sigue sin contar con una demostración completa. Se avanza poco a poco: en 2003, Ilia Krasikov y Jeffrey Lagarias demuestran que, para todo entero X suficientemente grande, el número de enteros inferiores a X que llegan a 1 es al menos igual a X
0,84. Terence Tao realizó en 2019 y 2020 otros avances convincentes y espectaculares (véase el
número especial 76 de Tangente, actualmente a la venta, dedicado a
Procesos iterativos, recurrencia, recursividad).