Ya había ofrecido una demostración de su estabilidad basada en la teoría de la gravitación de Newton y puso de manifiesto los cinco fenómenos siguientes:
Los distintos planetas recorren sus órbitas en el mismo sentido y «más o menos» en el mismo plano; sus satélites recorren sus órbitas en el mismo sentido que los planetas; los movimientos de rotación de estos distintos astros, incluido el Sol, se producen en planos «poco diferentes» de su plano orbital y en el mismo sentido; la excentricidad de las órbitas de los planetas y sus satélites es «muy baja»; las órbitas de los cometas presentan una excentricidad «grande» e inclinaciones «muy diversas».
El modelo cosmogónico de Laplace ---------------------------------
A partir de las observaciones que le llevaron a establecer la estabilidad del Sistema solar (véase más arriba), Laplace ni siquiera tiene en cuenta el modelo propuesto por René Descartes (1596‒1650), con sus torbellinos. En cambio, corrige y mejora el propuesto por Georges-Louis Leclerc, conde de Buffon (1707‒1788), quien suponía que un cometa había expulsado del Sol cierta cantidad de materia que formaría posteriormente los planetas.
Para Laplace, que se apoya en la conservación del momento angular, una nube de materia en rotación que ocupaba el espacio del Sistema solar se condensó primero en forma de disco y después en forma de anillos, que finalmente se condensaron en planetas, todo ello por efecto de la rotación de la nube inicial. Este es también el modelo que había propuesto antes que él el filósofo prusiano Emmanuel Kant, aunque Laplace no lo conocía.

Emmanuel Kant (1724‒1804). Retrato de 1768, obra de Johann Gottlieb Becker.

Esta teoría, a menudo llamada modelo de Kant‒Laplace, aplicable evidentemente a la formación de los sistemas de satélites de algunos planetas, a otros sistemas estelares y también a las galaxias, se aproxima mucho al modelo teórico aceptado actualmente.