En un estudio, los errores numéricos que se encuentran en la práctica pueden tener distintos orígenes:
• Errores en los datos: procedentes a menudo de mediciones, no se conocen exactamente y ello puede afectar a los cálculos;
• Errores debidos al método de cálculo: a menudo se ha utilizado un método aproximado (frente a un método exacto), que conlleva un error sistemático;
• Errores debidos a los cálculos propiamente dichos: los cálculos se realizan en un ordenador, con aritmética de coma flotante, lo que plantea, en particular, numerosos problemas de redondeo. Sin duda, conviene minimizar el número de operaciones.
Estos distintos errores se sumarán (y a veces se compensarán si tenemos suerte...); quizá haya que tomar decisiones para que el error global sea lo más pequeño posible. Según su origen, los medios para controlar los errores —e incluso minimizarlos— serán de distinta naturaleza.