A menudo se le asocia una imagen: la de un hombre que recorre el mundo, maleta en mano, con un problema en casi cada ciudad.
Pero sería una pena reducirlo únicamente a las excentricidades de su modo de vida o a su fama de resolver problemas en serie.
En efecto, se interesó por problemas muy concretos, pero a menudo inventó enfoques innovadores y técnicas ingeniosas para resolverlos. Una de sus ideas rectoras era: «A veces hay que complicar un problema para simplificar su solución.» Esto condujo al desarrollo de nuevas ideas, por él o por otros, lo que le confiere un lugar único en la creación de teorías.
Se interesó por casi todos los campos, pero su pasión eran, sin duda, los números. Fue precisamente en este ámbito donde obtuvo su primer resultado, a los diecinueve años. Introdujo allí, entre otras cosas, una perspectiva probabilística que, sorprendentemente, permitió demostrar con certeza numerosos resultados. Estos razonamientos probabilistas también aparecen en otros ámbitos, como la teoría de grafos y la combinatoria, a las que dejó su impronta.
Su forma de investigar y abordar los problemas se basaba en una colaboración constante con cientos de matemáticos, y ello le permitió sin duda difundir sus métodos. En este sentido, fue un catalizador excepcional del progreso matemático.
Contrariamente a ciertas ideas preconcebidas, quizá por la influencia del grupo Bourbaki en la segunda mitad del siglo XX, no son solo los «constructores de teorías» quienes hacen avanzar la investigación matemática. Paul Erdős resolvió cientos de problemas, a menudo por caminos originales que otros retomaron y ampliaron después, pero planteó muchos más, y muchos de ellos aún esperan solución. Los especialistas lo consideran uno de los matemáticos más importantes del siglo XXe.
Descubramos, pues, a este personaje fuera de lo común…