El matemático alemán Georg Cantor era aún muy joven cuando se interesó por este problema. Se preguntó por los conjuntos de discontinuidad de tales funciones, lo que le llevó a desarrollar la teoría de conjuntos y, sobre todo, la de las cardinalidades infinitas. Consideró entonces que dos conjuntos A y B
tienen la misma cardinalidad (finita o no) si puede establecerse una biyección entre ellos; es decir, si a cada elemento de A puede hacerse corresponder de manera única un elemento de B y, recíprocamente, cada elemento de B es imagen de uno y solo un elemento de A. Mostró así que el conjunto de los números enteros y el de los números racionales tienen la misma cardinalidad, y que hay tantos puntos en una recta como en un plano. Pero ¿son iguales todas las cardinalidades infinitas? Cantor demostró que no en un artículo publicado en 1874, en el que justificaba que no existe ninguna biyección entre los números enteros y los números reales. Su demostración era difícil y no fue hasta 1891 cuando presentó una prueba diáfana e histórica, conocida como la
diagonal de Cantor (véase
les Ensembles,
Bibliothèque Tangente 61, 2017). De paso, justificó que existe una infinidad de números trascendentes, es decir, que no son solución de ninguna ecuación polinómica con coeficientes enteros, mientras que se sabe con qué dificultades Charles Hermite y Carl Lindemann habían justificado la trascendencia de
e y de π en 1873 y 1882.