Los talleres
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Raymond Queneau y François Le Lionnais, ambos escritores y matemáticos, fundaron en 1960 el Ouvroir de littérature potentielle (Oulipo), cuyo objetivo era estudiar todas las posibilidades de escribir un texto innovador imponiéndose restricciones, entre ellas matemáticas. Al igual que los dos fundadores, los oulipianos son cooptados entre científicos aficionados a la literatura y escritores próximos a las matemáticas. Claude Berge (1926–2002), uno de los miembros fundadores, fue especialista en la teoría matemática de grafos y creó en 1958 el concepto de grafo perfecto.
François Le Lionnais impulsó posteriormente los OuXpo, en los que la X se adapta a otras formas de expresión, desde la pintura (X = «pein») hasta el cómic (X = «Ba») o la novela policíaca (X = «lipo»).
François Le Lionnais, un precursor
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Los «oulipianos» se divierten utilizando los grafos como restricción básica, inspirándose en la presentación de las instrucciones destinadas a los ordenadores. El texto adopta así la forma de un grafo matemático. En cada bifurcación, se invita al lector a elegir entre las diversas opciones de lectura que se le ofrecen. El grafo puede ramificarse regularmente —de forma binaria, ternaria…— o ser irregular. François Le Lionnais innovó en 1967 con una propuesta de Nouvelle policière en arbre (véase Un conte à votre façon, en Oulipo. La littérature potentielle (Créations Re-créations Récréations), Gallimard, 1973).
Posteriormente elaboró un Précis de dendrologie à l’usage des autoroutiers (Enigmatika 9, 1978); estas son las arborescencias que lo componen.
Timoteo y su árbol
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Paul Fournel, escritor, poeta y presidente del Oulipo de 2003 a 2020, se interesó por la restricción de escritura en forma de árbol binario e hizo un primer ensayo teatral con
L’Arbre à théâtre (véase
Les Graphes,
Bibliothèque Tangente 54, 2015, y el dossier «Maths et théâtre» en
Tangente 205, 2022).
Después hizo «crecer» Timothée dans l’arbre (Le Seuil, 2003), que sumerge a un niño en una especie de dilema existencial: al término de siete capítulos, puede optar por una u otra de dos posibilidades.
Así, en el capítulo I, Timothée se encuentra en el autobús con el personaje de los Exercices de style de Raymond Queneau (Gallimard, 1947), que le ofrece un caramelo. Se invita al lector a pasar al capítulo 2.1 o al 2.2, según desee que Timothée acepte o no el caramelo.
Paul Fournel propuso Chamboula (Le Seuil, 2007), relato de la vida de un pueblo africano, alterada por la llegada de un frigorífico, después de la televisión y luego de SAV, el hombre blanco que excava el suelo, desaloja a los antepasados, se lleva a la hermosa Bamboula y quiere contratar a Boulot. ¿Qué hacer? Paul Fournel propone una multitud de recorridos y personajes, con opciones de carácter narrativo:
¿Quiere que entreguemos el frigorífico o el televisor?
Boulot quiere expatriarse: ¿lo atraparán en la aduana francesa o se instalará clandestinamente en París? ¿Se matriculará en Sciences po? ¿Jugará de extremo derecho en el ASSE?
Las elecciones también pueden ser técnicas:
¿Quiere un párrafo breve en prosa?
¿Prefiere una nueva página de diálogo?
Sorprendentemente, el libro no está dividido en capítulos y el recorrido no está jalonado por pregunta alguna: la rigidez formal del árbol binario logra dar una fuerte impresión de desorden general, pero no extravía a un lector algo habituado a aceptar la multiplicidad de destinos de un mismo personaje y las contradicciones entre mundos incompatibles. El autor lo explica en un oportuno epílogo sobre la elaboración de Chamboula (y, más en general, sobre su arte de escribir y su visión de un modernismo mal preparado).
Extracto del árbol binario de Chamboula.