Los cientos de cortometrajes que realizó y produjo se están restaurando. Se llevan a cabo búsquedas exhaustivas en filmotecas de todo el mundo para recuperar la mayor cantidad posible de material. En efecto, el cineasta, en un momento de desesperación tras su ruina, prendió fuego él mismo a montones de celuloide y destruyó así gran parte de su obra.
El éxito de Méliès había sido, sin embargo, mundial. Para garantizar la distribución de sus producciones en Estados Unidos, envió allí a su hermano Gaston. Los problemas de patentes y aranceles le llevaron entonces a enviar directamente negativos al Nuevo Mundo, con su hermano encargado de obtener de ellos múltiples copias. ¡Algunos de estos negativos estadounidenses han reaparecido milagrosamente! Así pues, para algunas tomas, nos encontramos con dos negativos idénticos. ¿«Idénticos»? No del todo. Méliès había acoplado sencillamente dos cámaras para realizar sus tomas, filmando así dos puntos de vista ligeramente distintos. ¡Todo estaba dispuesto para crear auténticas películas en 3D! El inventor de los primeros efectos especiales quizá habría podido añadir un nuevo descubrimiento a la larga lista de sus hallazgos…