Finalmente se hicieron realidad en 1963 en la Universidad de Míchigan (Estados Unidos), pues su realización fue posible gracias a la invención del láser (luz concentrada en un haz coherente, en el que las ondas y los fotones se propagan en fase). Fue a través de la óptica electrónica como el ingeniero descubrió el concepto de holografía, que calificó de wavefront reconstruction («reconstrucción por frente de ondas»); el término habitual se acuñó a partir del adjetivo griego holos («entero») y del verbo graphein («escribir»).
El holograma de un objeto consiste en una placa transparente en la que se ha registrado la interferencia entre dos haces láser coherentes procedentes de un mismo haz inicial. Uno de estos haces no se altera; el otro es reflejado por el objeto que se desea fotografiar. Al iluminar la placa de interferencia con un haz de luz adecuado desde cierto ángulo, esta reproduce una imagen en relieve del objeto fotografiado, que parece «flotar en el aire».