Los seres humanos somos seres eminentemente tridimensionales. Ya se trate de nuestro entorno cotidiano (una silla, un perro, el vecino del cuarto piso…), de objetos reales que visualizamos mentalmente sin tenerlos delante (ese oso de peluche de nuestra primera infancia, nuestros pulmones…), o incluso de objetos y entornos imaginarios que cada cual puede crear mentalmente por la sola fuerza de su imaginación (los «Na’vis» de la película Avatar (2009) nacieron en la mente de James Cameron antes de llegar a nuestras pantallas), todos tienen en común ser objetos tridimensionales.

Detalles de pinturas rupestres de la cueva de Lascaux (Dordoña), hacia –18 000.

Personal de la Marina estadounidense utilizando un simulador de paracaídas