Al lado: James Clerk Maxwell (1831–1879).

Desde la Antigüedad se conocía el ámbar amarillo, una especie de resina con propiedades electrostáticas. Al frotarlo, atraía los cuerpos. En griego, «ámbar» se dice elektron: este es el origen de la palabra «electricidad», aparecida hacia 1733. Por entonces se estudiaba el efecto de la electricidad sobre los cuerpos al frotarlos con telas o pieles de gato. La ciencia de la electricidad se fue constituyendo poco a poco a partir de simples observaciones de los fenómenos naturales.
El magnetismo se desarrolla en paralelo; la brújula es su primera aplicación. En el 18.º siglo, los fenómenos se cuantifican mediante experimentos innovadores. Algunos científicos ya habían sugerido en esa misma época la ley de interacción de las cargas eléctricas y magnéticas. Finalmente, Coulomb la estableció mediante una serie de experimentos de notable precisión, presentados entre 1785 y 1791.
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