Ludwig Boltzmann fue alumno de Josef Stefan en la Universidad de Viena. Se convirtió en su ayudante en 1867, tras doctorarse en… filosofía. Los años que pasó en la capital austriaca, en un clima de intensa investigación y pese a la escasez de medios materiales, le marcaron profundamente. Allí conoció, entre otros, al físico y químico Johann Joseph Loschmidt, por quien conservaría respeto y estima, pese a las controversias posteriores.
A mediados del 19e siglo se enfrentaban dos concepciones de la física. Una gran mayoría de los físicos defendía una descripción fenomenológica de la mecánica; se les llamaba energetistas. Habían cosechado grandes éxitos, como la teoría de Fourier (véase el artículo «Joseph Fourier, iniciador de la física matemática»), en la que el calor se considera y modeliza como un fluido.

En lo alto de la tumba de Boltzmann está grabada la fórmula que lleva su nombre.