El declive de Euclides
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Aunque Gauss solo dejó algunas notas y cartas sobre sus trabajos por miedo a los «gritos de ignorantes», el húngaro János Bolyai (1802–1860), por su parte, no vaciló en redactar en 1829 un pequeño folleto de veinticuatro páginas en latín —entonces lengua oficial de Hungría—, que su padre Farkas incorporó a su obra maestra, el Tentamen. «De la nada he creado otro mundo nuevo», escribió el joven Bolyai a su padre con apenas 21 años. Algo más tarde e independientemente, Nicolaï Lobatchevski (1792–1856) publicó, en varios textos, su teoría de las paralelas.
Cada una de las tres grandes familias de lenguas europeas —eslava, latina y sajona— participó, pues, en esta revolución, pero el ruso y el húngaro tuvieron pocos lectores: la geometría no euclidiana no pudo florecer hasta que Jules Hoüel realizó en 1866 su notable labor de traducción y divulgación.
Los mapas de Beltrami
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