Una paradoja, de para, «contra», y doxa, «opinión», es una proposición a primera vista sorprendente, incluso chocante, que va contra el sentido común. El estudio de las paradojas es tanto un desafío como una distracción. El análisis de lo «aparentemente contradictorio» no es fútil: permite mirar con empatía a quien no piensa necesariamente como usted y que, sin embargo, es tan razonable como usted. Así comprendemos mejor no los errores de razonamiento, sino las razones de las discrepancias. Por ejemplo, en la paradoja de Monty Hall, ¿por qué tantas personas sensatas afirman categóricamente que «da igual conservar la puerta elegida o cambiarla»? Sus razones son a veces sutiles, y comprenderlas forma parte del análisis completo de la paradoja. Pero, por cierto, ¿qué dice esta paradoja?
Monty Hall: un clásico que irrita
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Está ante tres puertas cerradas. Detrás de una de ellas hay un premio magnífico (un coche, un castillo, una suscripción de por vida a Tangente…) y detrás de cada una de las otras dos hay un premio insólito. Debe elegir una puerta. El presentador, que sabe cuál es la puerta «buena», abre otra, tras la que hay un premio insólito. Entonces puede abrir su puerta —confirmando su elección inicial— o abrir la tercera puerta —modificando su elección inicial—. ¿Qué hace para tener las máximas probabilidades de ganar el premio magnífico?
Estas son sus distintas opciones: confirmar su elección porque quedan dos puertas y, por tanto, tiene tantas probabilidades de ganar como si cambia; modificar su elección porque tiene más probabilidades de ganar al escoger la tercera puerta; tirar una moneda para decidirlo. Piénselo bien y fije su respuesta antes de continuar…