Un modelo económico es una descripción simplificada, abstracta y teórica que permite representar y estudiar un sistema económico real, ya sea global o más limitado (un sector, una problemática o una empresa). Además de describirlo, permite hacer previsiones y simulaciones, e incluso optimizaciones. En ese caso, los responsables económicos o políticos pueden utilizarlo para justificar determinadas posturas estratégicas en las empresas y ciertas decisiones económicas generales. Puede llegar incluso a justificar la planificación y la asignación de recursos.
Los modelos muy generales y complejos son elaborados por organismos especializados, como el Insee en Francia o la Oficina Federal de Planificación en Bélgica. Entre las misiones de estas entidades figuran elaborar estadísticas, índices e indicadores económicos, sociales y medioambientales; realizar encuestas a empresas y hogares; y desarrollar modelos que permitan hacer previsiones y proyecciones, así como evaluar la eficacia socioeconómica de las políticas aplicadas o previstas. Para ello, deben gestionar bases de datos colosales. Sus ámbitos de actividad son variados: economía regional, nacional e internacional, mercado laboral, finanzas públicas, protección social y sector sanitario, demografía, transporte, movilidad y energía…
Enfrentarse a la realidad
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Una ley económica suele representarse mediante ecuaciones que relacionan las variables económicas objeto de modelización; estas ecuaciones expresan un comportamiento económico teórico e incluyen las variables que pueden influir en las variables de interés. Algunas ecuaciones de un modelo son simples identidades (por ejemplo, definiciones de conceptos o ecuaciones de la contabilidad nacional); otras expresan una mera tendencia (una evolución temporal). Las más interesantes son las ecuaciones funcionales, que incluyen las variables económicas, pero dependen también de parámetros que deben estimarse a partir de las observaciones (datos históricos). Pueden ser de carácter técnico, como una función de producción, o de carácter conductual, como la ley de la demanda o una función de consumo. Cuando se utiliza para tomar decisiones, algunas variables (nivel de imposición, tipos de interés oficiales…) no se miden, sino que están a disposición del responsable político o económico, que puede realizar entonces diversas simulaciones previas.