B.R.: El título de su libro afirma que la Tierra no es redonda, pero tranquilícenos: al fin y al cabo, sí es redonda, ¿no? X.C.: Digamos que es «casi redonda». Sabemos desde Newton que la superficie de la Tierra se describe mejor mediante un elipsoide de revolución, es decir, una elipse que se hace girar alrededor de su eje menor. Nuestro planeta presenta un abultamiento en el ecuador, pero, en primera aproximación, podemos considerarlo sin problema una esfera.

El elipsoide de revolución se obtiene al hacer girar una elipse alrededor de uno de sus dos ejes.

¿Cuándo se comprendió que la Tierra se parecía a una esfera? Hay un malentendido frecuente sobre esta cuestión. Mucha gente cree, erróneamente, que antes de la época moderna se pensaba que la Tierra era plana: es completamente falso; todas las personas cultas sabían perfectamente, y desde hacía mucho tiempo, que la Tierra es redonda. Los testimonios escritos de esta idea se remontan a la Grecia antigua. Los pitagóricos, al igual que Platón, ya propusieron la idea de una Tierra redonda, aunque la defendían con argumentos que no convencerían a un físico actual. Aristóteles, en cambio, en el siglo 4.º antes de nuestra era, aporta un argumento decisivo: observa que, durante un eclipse de Luna, la sombra que proyecta la Tierra sobre nuestro satélite es curva como un círculo. De ello deduce la redondez de la Tierra. Aristóteles también señala —aunque se ignora si este otro argumento es suyo— que un barco parece hundirse bajo el horizonte cuando se aleja, lo que demuestra de otra manera la curvatura de nuestro planeta.