A raíz de las paradojas de Zenón, los antiguos griegos se prohibieron recurrir al infinito, al concebirlo, como Aristóteles, únicamente como potencial: se puede dividir un segmento en partes cada vez más pequeñas, sin que pueda asignársele teóricamente un término a esa operación mental, pero sin que jamás pueda prolongarse materialmente hasta el infinito.
El recurso al infinito actual, es decir, a un infinito presente «de verdad», volvió a cobrar fuerza mucho más tarde, impulsado en particular por Bonaventura Cavalieri (1598–1647) y por su método de los indivisibles, que expuso en Geometria indivisibilibus continuorum nova quadam ratione promota, publicado en 1635. Sin embargo, Gilles Personne de Roberval ya utilizaba este método, como recordó el matemático francés en junio de 1647 en una carta a Evangelista Torricelli (1608–1647; véase el FOCUS).
Roberval utilizó este método para estudiar el área bajo un arco de cicloide, esa curva «estrella» de la época que brindó a los matemáticos la ocasión de superar los teoremas de la geometría clásica y preparar el advenimiento del cálculo infinitesimal.
Como la rueda rueda sin deslizar, las longitudes OM (que se mide positivamente a la derecha de O) y MN (medida sobre la circunferencia tangente al suelo en M) son iguales.