Hay alegría

Sabemos que las matemáticas pueden ser fuente de alegría, pero ¿conoce los números felices? Fáciles de definir, deparan muchas sorpresas y muestran hasta qué punto jugar con los números enteros sigue siendo una fuente inagotable de investigación a todos los niveles.


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A partir de un número entero inicial, aplicamos una sencilla receta que da lugar a un nuevo número. Repetimos el proceso con el resultado obtenido, y así sucesivamente... Según la forma de esta sucesión (cíclica, invariante a partir de cierto término...), se atribuye un calificativo al número inicial: feliz, perfecto... Pero también puede ocurrir que esa forma siga siendo desconocida.

En la década de 1960, durante las prácticas que impartía en la Universidad de Rochester, en el estado de Nueva York, Mike Armstrong se interesó especialmente por los números de k cifras iguales a la suma de las potencias k-ésimas de sus cifras.

El sistema criptográfico más extendido se basa en el uso de números enteros muy grandes, cuya factorización sigue estando fuera del alcance de nuestros ordenadores. Ya en el siglo XVII, Mersenne y Fermat abordaron la descomposición en factores primos de números muy grandes; sus trabajos inspiraron los algoritmos modernos de factorización.

A diferencia de algunos números compuestos, es difícil saber si un número es primo con solo leerlo. ¿Qué ocurre entonces con un número primo si modificamos sus cifras, por ejemplo permutándolas o eliminando algunas? ¿Puede seguir siendo primo? ¿O, por el contrario, deja de serlo?
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