Nacido en París de padres italianos, Jacques Dominioni empezó a aprender pintura y escultura a los 14 años y estudió dibujo académico en el museo del Louvre. En 1950 conoció al pintor Raymond Dauphin (1910–1995), quien le enseñó el uso del color y el paisaje.
Después dejó París para irse a Italia y luego se instaló en el sur de Francia. Estudió cerámica y carpintería en Vallauris y Vence (Alpes Marítimos), donde conoció a Matisse y Picasso. Finalmente, en 1980 se instaló en La Tardière, en Vendée.
Jacques Dominioni se adentró entonces en la investigación cubista y compuso cuadros de formas geométricas y colores puros y contrastados.
Hacia 1995, el cuerpo, representado de forma lírica, hizo su aparición en sus obras. Cuerpos desnudos invadieron entonces el lienzo, las líneas se quebraron, aparecieron curvas dinámicas y los colores tendieron al monocromatismo mediante el uso de dos colores complementarios. El mensaje es contundente: el pintor se pregunta —y cuestiona la mirada— por el sentido de la vida.
Pintor ajeno a las modas y las corrientes, Jacques Dominioni fundamenta su investigación en la construcción pictórica, lo que recuerda el periodo poscubista, a veces libre e impetuoso, de un realismo diáfano e intransigente.

Óleo sobre lienzo (100 cm × 80 cm) utilizado en la cubierta. Jacques Dominioni, 1990.

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