La primera huella del teorema de Pitágoras aparece hace cuatro mil años en Mesopotamia, en el caso particular del triángulo rectángulo isósceles. Mucho más tarde, Platón (428–348 antes de nuestra era) retoma este caso en Menón. Sócrates describe allí la figura siguiente, que podemos imaginar que trazó sobre la arena.
Contando los triángulos, se demuestra que el área del cuadrado (inclinado, de color ocre) construido sobre las hipotenusas de los triángulos duplica la de los cuadrados pequeños (uno de los cuales aparece en azul).
A partir de ahí, resulta fácil demostrar que el área del cuadrado grande duplica la del cuadrado inclinado. Esta figura nos hace viajar más de un milenio en el tiempo, entre Grecia y Mesopotamia. Entre Platón y una tablilla de arcilla que cabe en la palma de la mano, probablemente un trabajo de estudiante según los arqueólogos: un ejercicio por resolver que contiene un enunciado y un resultado, como todas las demás tablillas de carácter matemático halladas en Mesopotamia.