Post hoc, ergo propter hoc. Con una concisión muy latina, este aforismo significa «después de esto, luego a causa de esto». Es decir: «lo que ocurrió fue causado por lo que lo precedió». Lo cual es falso: ¡podéis acabar cubiertos de granos después de comer almendras sin que exista una relación de causa y efecto! Pero si cada vez que coméis almendras reaccionáis así, es legítimo ver en la ingestión de ciertos frutos secos la causa de vuestra urticaria: sois alérgicos. Sin embargo, no siempre es así: dos acontecimientos pueden estar correlacionados sin que el primero en producirse sea la causa del siguiente.
El azar y las coincidencias =============================
Eliminemos primero el caso de las correlaciones debidas al azar, que no sirven para nada salvo como fuente de estafas. El mecanismo es sencillo. Cada año se producen miles de millones de acontecimientos y, gracias a los Big Data (véase Tangente 181), hoy disponemos de un registro escrito de la evolución de varios millones de ellos. ¡Sería raro que, al elegir uno, no encontráramos entre los millones restantes otro que se le pareciera! Sobre todo si podemos manipular las escalas de la representación... En efecto, al modificar la escala de las ordenadas, podemos fijar a voluntad la pendiente media de las curvas. El sitio Spurious Correlations (tylervigen.com/spurious-correlations) ofrece numerosos ejemplos disparatados, pero espectaculares.
En el otro extremo están las correlaciones causales: siempre que corréis cien metros, vuestro ritmo cardíaco se acelera.