La forma de las pistas de atletismo homologadas está muy reglamentada, aunque deja un pequeño margen de maniobra. La longitud interior total de la pista es, en principio, de 400 m, con dos rectas opuestas de 84,3 m y dos curvas que las unen. La prueba de 100 m se disputa en línea recta; en cambio, los 200 m consisten en media vuelta a la pista: los atletas salen en la curva y terminan en la recta. Tradicionalmente, la curva tiene forma de semicírculo de radio 36,5 m, una trayectoria que se considera óptima para alcanzar la velocidad máxima.
Dos matemáticos franceses, Amandine Aftalion y Emmanuel Trélat, han desarrollado un modelo cuyo objetivo es determinar la forma matemática óptima de la pista. El modelo se basa en el consumo de oxígeno del corredor, que varía en función de la curvatura. Los dos investigadores han demostrado que la pista clásica no es en absoluto óptima; proponen reducir la recta a 60 m y aumentar el radio del círculo hasta 44,3 m para disminuir la curvatura de la pista y, por tanto, la fuerza centrífuga. La ganancia sería de unas cuatro centésimas de segundo, lo que corresponde a una diferencia de unos 45 cm. ¡Que tiemblen los récords de Usain Bolt (19,19 s en 2009) y Florence Griffith-Joyner (21,34 s en 1988)!