Los químicos hablan habitualmente del número de Avogadro, expresión que representa el número de partículas de un mol de materia: se escribe 6,02214076 × 1023. Sin duda es un número «grande», pero los matemáticos, a menudo enfrentados a los cuadrados, los cubos, las diversas potencias nésimas y las exponenciales, que muy pronto se vuelven «inmensas», han tenido que inventar recursos de notación para escribirlas.
Una notación adecuada
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Con el uso de los ordenadores se inventó la notación m ↑ n, que hoy se tiende a escribir simplemente m^n (marcando solo la punta de la flecha vertical) y que, para evocar *mn, permite evitar los exponentes. Del mismo modo que la multiplicación es una suma iterada (m × n = m + m + … + m, n veces), la exponenciación no es sino una multiplicación iterada, pues mn = m × m × … × m, donde figuran n copias del factor m*, algo que también expresa la notación de flechas.
La notación se generaliza a m ↑ ↑ n = m ↑ m ↑ … ↑ m, con n copias de m, y después a
m ↑ ↑ ↑ n = m ↑ ↑ m ↑ ↑ … ↑ ↑ m, siempre con m escrito n veces, y luego a m ↑ ↑ ↑ ↑ n = m ↑ ↑ ↑ m ↑ ↑ ↑ … ↑ ↑ ↑ m, de nuevo con m escrito n veces. Esta notación fue introducida en 1976 por Donald Knuth, matemático estadounidense nacido en 1938 y pionero de la programación, quien llamó tetración a la doble flecha hacia arriba, pues designa una exponenciación iterada. Así, 3 ↑ 3 = 33 = 27, 3 ↑ ↑ 3 = 3 ↑ (3 ↑ 3) = 3 ↑ 27 = 7 625 597 484 987… y se comprende enseguida la utilidad de esta notación, que permite escribir de forma «compacta» números muy grandes. En efecto, sin ella resulta muy difícil escribir el número
3 ↑ ↑ ↑ 3 = 3 ↑ ↑ (3 ↑ ↑ 3) = 3 ↑ ↑ (327) = 3 ↑ (327 ↑ 327), que ni siquiera nos atrevemos a imaginar escrito por completo.
Grandes números con nombre propio
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