En 1964, el físico estadounidense Murray Gell-Mann (1929–1919), premio Nobel de Física en 1969, propuso un modelo que explicaba esa multitud de partículas observadas en los aceleradores: todas estarían formadas por componentes aún más pequeños, los quarks, los constituyentes últimos de la materia, caracterizados por un color. Hay quarks azules, rojos y verdes, aunque estas denominaciones no guardan relación con nuestras sensaciones de color.
Y, sin embargo... Una de las hipótesis de la cromodinámica es que la carga de color de una partícula libre debe ser nula, incolora y, por tanto... blanca. En consecuencia, los tres quarks que constituyen un protón o un neutrón poseen cada uno un color tal que su superposición conduce a la ausencia de color. ¡De ahí la elección de los colores primarios: rojo, verde y azul!