Esta técnica requiere programas capaces de reconocer automáticamente los puntos llamados homólogos. La correlación entre las imágenes se establece a partir del reconocimiento automático de los píxeles correspondientes en una zona bien definida de cada imagen. A continuación, un ordenador puede realizar una visualización estereoscópica (véase el artículo « La televisión 3D: ¿la televisión del mañana?») de los objetos o lugares. Cuantos más puntos de vista distintos haya, mejor será la representación 3D resultante.
Esta herramienta se utiliza en muchos ámbitos, sobre todo mediante fotografías aéreas, hoy fáciles de obtener gracias al uso sistemático de drones.
También se ha vuelto imprescindible en arqueología, pues permite fijar y registrar el estado de un yacimiento antes y durante la excavación y proporciona así información utilizable mucho tiempo después, lo que abre el camino a auténticas «excavaciones virtuales». La técnica también permite estudiar yacimientos sumergidos y revela así artefactos sepultados bajo sedimentos de manera casi sistemática, mientras que la exploración por buceadores siempre entraña cierta dosis de azar.